Inicialmente, se debe mencionar que la retención de utilidades es aquella figura jurídica y financiera que permite a todas las sociedades existentes conservar las utilidades y/o ganancias obtenidas en el año en curso, para que estas no sean distribuidas entre sus socios o accionistas, según corresponda, sino que, por el contrario, estas ganancias queden dentro de la compañía y conformen el patrimonio neto, otorgando una mayor capacidad de ahorro e inversión. Además, esta figura ayuda a contribuir al alcance de una estabilidad financiera y solvencia económica.

El objetivo principal de la retención de las utilidades, en principio, es preservar la liquidez y el flujo de caja de la compañía, toda vez que, al tener mayor capital, la compañía puede financiar sus operaciones con recursos propios, evitando que acuda a terceros para la solicitud de financiamiento destinado al cumplimiento de sus actividades operativas. Aunado a lo anterior, esta práctica tiene una gran influencia dentro del posicionamiento financiero de la compañía.

La Superintendencia de Sociedades, a través de su Concepto No. 220-41880 del 21 de marzo de 2018, refiere que, para que una compañía pueda retener sus utilidades, debe haber dado estricto cumplimiento al pago de sus obligaciones económicas, pues la misma no puede beneficiarse anticipadamente de sus utilidades sin que la sociedad haya descontado antes de su flujo el costo financiero, es decir, sin que haya dado cumplimiento a todos sus acreedores.

En conclusión, la retención de utilidades es entendida como la forma en que los socios o accionistas renuncian a sus beneficios o dividendos, producto de su inversión inicial, para que estas ganancias sean conservadas directamente por la compañía y así incrementar sus activos corrientes y evitar acudir a un financiamiento externo. Esto se entiende como una reinversión que realiza propiamente la compañía.